—Esos vestidos están lindos y nuevos —dijo Elena, la madre de Evaristo.
—Me los estrené y no me los puse más, porque empezó esta situación,
casi no salgo y cuando salgo voy vestida de hombre, hay veces con una
barba —dijo Salomé, las señoras rieron.
—¿Ese relleno no te da mucho calor? —preguntó una de las señoras.
—No, un día de estos vamos a salir todas vestidas de hombre —dijo Salomé.
La señora Elena se probó un vestido, le gustó, estaba feliz.
—Ahora vamos con los peinados —dijo Salomé.
A la señora Elena la peinó con unos bucles que parecía una postal.
—Qué bien quedaste mujer —dijo Salomé.
A la señora Carmen, con un moño, todas se veían en el espejo asombradas de lo bien que quedaron.
—Ahora a esperar al ministro de la ceremonia, ja, ja, ja,
salgan para que las vean —dijo Salomé, todas salieron orgullosas,
Salomé salió de la habitación, caminó hacia la cocina, se sirvió café,
se lo tomó, todos estaban arreglándose, regresó a su habitación, oyó
unas voces, se acercó a la ventana a oír lo que decían, pensó: “carajo,
esta vaina está trancada, los astros empujan para que se aceleren los
acontecimientos y la gente los estancan, no voy a decir nada en este
momento” se bañó, se vistió, se asomó a la ventana vio que se fueron los
que hablaban, pensó: “llegan al poder con los votos después somos para
ellos un número, coño qué vaina,” tocó en la puerta Juan.
—Ya está
todo listo. —Le avisó a Salomé, ella cargó a su bebé y salió de la
habitación, pensó: “ya como va este año ya este día es 24 junio.”
Todo se encontraron en uno de los corredores a esperar que abrieran la
puerta de un salón, cuando Nicolás abrió el salón todos se quedamos conla boca abierta, Nicolás había hecho un escenario hermoso con unos
muebles viejos, hizo unos sillones cómodos con ruedas para los que no
podían caminar, cuando entraron, ya ellos estaban sentados, se sentaron y
subieron al escenario Adalberto y Cipriano.
Cipriano agradeció ser
el primer guitarrista de ese gran cantante que esta noche hacía su
debut, todos aplaudieron, empezó a cantar Adalberto, la madre lloró de
felicidad.
— Qué voz, canta como los ángeles —dijo Salomé.
Los
muchachos emocionados aplaudían, el herido que Salome creyó que moriría
estaba allí sonriente con su cabeza vendada, Salome le agarró la mano.
—Gracias a Dios, tú eres un ser escogido para algo grande, cuenta conmigo, un día de estos te doy una sorpresa —dijo Salomé.
En el intermedio cortaron las tortas y repartieron las galletas,
estuvieron hasta la madrugada, bailaron, el bebé en un sofá como un rey,
ayudaron a llevar a los muchachos a sus habitaciones con sus sillones
con ruedas, los gallos cantaron y todos se fueron a dormir, a Salomé la
despertó su bebé, se levantó, se vistió, cargó el bebé y salió a la
cocina, le preparó comida al bebé y se la dio, de repente apareció
Rocío, saludó a Salomé.
—Mira, la misma foto que estaba en la otra hacienda —dijo Rocío.
—Esa es mi madre —respondió Salomé.
—Qué bonita es —dijo Rocío.—Sí, pero ama con la finquita —dijo Salomé.
Rocío se rio.
—Ja,ja, ja, nunca había oído eso, que bueno está —dijo Rocío.
—Aprenda pues —respondió Salomé.
Llegaron a la cocina las señoras Carmen y Elena.
—¿Quieren disfrazarse? —preguntó Salomé, ellas emocionadas dijeron al mismo tiempo que sí.
—Vamos a buscar los disfraces —dijo Salomé y pensó: “carajo, uno sigue siendo una niña.”
Salomé le dijo a Petra que estaba sacando agua del tinajero.
—Te dejo a tu hijo, sabes que eres su segunda madre —dijo Salomé.—Así es —respondió Salomé y salió.
—Vengan —dijo Salomé a las
señoras y caminaron por varios corredores, llegaron a una habitación que
estaba cerrada, Salomé abrió la puerta.
—Qué bella esta habitación —dijeron las señoras.
Salomé abrió varios baúles y sacó varios pantalones, cada uno con su
relleno, ellas los agarraron y se los midieron se vieron en el espejo.
—Estoy emocionada, siempre quise disfrazarme —dijo la señora Carmen.
Salomé les pasó unas pelucas.
—No se asombren hace tiempo fui a Francia a visitar a un familiar. —No dijo que a su madre.

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