Salomé le sirvió el café.
—Este es el señor que venía a visitarme
con una barba descuidadas, que ustedes le tenían miedo, miren que
buenmozo —dijo Salomé.
—Salí a mi padre que me gusta disfrazarme, los dejo tengo que salir con Petra.
La tarde se hizo noche, en la madrugada a las dos Nicolás anda dando
vueltas por los corredores con la lámpara de kerosene, de repente.
—¡Ay! me asustaste, Salomé. Qué haces por aquí a oscuras —dijo a Salomé.
—Quédate aquí espérame —dijo a Nicolás.
Nicolás ve con sus ojos acostumbrados a ver en la oscuridad que Salomé
caminó hacia el patio, llegó a la mata de mangos, buscó una piedra y dio
unos pasos y marcó con la piedra y se quedó un rato allí, se regresó.
—¿Qué pasa, Salomé? —preguntó Nicolás.
—Me asomé en la ventana, vi una luz que salía cerca de la mata de
mangos, cuando iba llegando a donde veía la luz estaba un señor con un
liquiliqui y me dijo que el había guardado ese dinero y me contó de sus
problemas con su familia, para sacarlo tengo que pedirle permiso a
Petra, nadie más puede saber de esto —dijo Salomé.
—Salomé ¿no te da miedo? —preguntó Nicolás a Salomé. —No a vamos dormí en la mañana hablamos de eso —dijo Salomé.
—Te alumbro —dijo Nicolás.
—Soy como una gata, ja, ja, ja. Anda a dormir —dijo Salomé.
Los gallos empezaron a cantar, Salomé se levantó, se bañó, se vistió,
aseó a su niño y salió de su habitación, caminó a la cocina, colocó al
niño en su coche, montó el café, Nicolás llegó a la cocina. —Madrugaste —dijo Nicolás.
—Sí, dormí mal, no me gusta dar vueltas en la cama —respondió Salomé.
Salomé buscó una bandeja en ella colocó tres tazas, sirvió el café y sentó en la mesa donde estaban sentados Nicolás y Petra.
—Petra anoche vi una luz, la seguí y un señor me habló —dijo Salomé.
—¿No te dio miedo? ¿Y por qué no había sacado ese dinero? —preguntó Petra.
—Hay veces que buscan el dinero y se pierde aquí, se ve que han
buscado, el señor quiso darme a mí, que, si me dio miedo, no. Bueno lo
que quiero preguntarte es, si lo podemos sacar —dijo Salomé.
—Sí, puedes hacer lo que quieras —dijo Salomé.
—Encárgate de eso, al que te pregunte dile que vas a hacer una piscina,
como las que salen en las fotos de esas revistas francesas que me
envían mis amigas —dijo Salomé a Nicolás.
Llegaron Rocío y Juan,
vinieron a descansar unos días —Me dijeron que en la plaza amanecieron
dos hombres desnudos amarrados en un árbol —dijo Juan.
—Uno deber ser Agapito, con sus bolas frías con ese frio que hace ja, ja, ja. Y todo rieron.
—Y ¿quién es Agapito bolas frías —preguntó Rocío
—Agapito, es el abogado, la nata y crema de la sociedad,
caretas al aire —respondió Salomé.—Están invitados, esta noche tienen que ir de gala, sigan con todos a
sus quehares para que se desocupen temprano, Rocío, Amparo, Petra y yo
vamos hacer galletas, dulces y tortas, vamos a celebrar, todos a
arreglarse temprano, es una sorpresa —dijo Salomé y empezó a hacer las
tortas, Petra las decoró para que Salomé se fuera a encargarse del
arreglo de las señoras, las llamó a su habitación, tenía en la cama
varios vestidos para que se los probaran, la señora Carmen, la abuela de
Adalberto se probó un vestido que le encantó.
—Nunca había tenido uno así —dijo la señora.
—Cómo está la situación no pudimos hacerlos nuevos, Amparo cose bello.

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