domingo, 6 de agosto de 2017

Salome y Jesus 6

Salomé llamó a Amparo.
—Dile al esposo de esta señora que venga —dijo Salomé a Amparo y ella salió de la habitación. Al rato llegó el esposo. —Qué pasa hija —dijo el hombre.
—No me diga así, yo no soy nada suyo —respondió Salomé. Ella lo miró fijamente.
—Hoy me enteré que la mujer que esta mujer mató era tu esposa, que bueno que hoy se van de mi presencia, ¡Asesinos!
Entró el padre de Salomé con la policía y Salomé siguió con sus quehaceres, caminó hacia la caballeriza y vio a Nicolás. —Ven para que veas esto Salomé —dijo Nicolás. Ella se quedó con la boca abierta.
—Nicolás qué belleza —dijo salomé.
—No digas nada hasta que esté todo listo y arreglado —dijo Nicolás.


—Este es un momento de felicidad, gracias Nicolás —dijo Salomé.
—Vendrán más momentos felices —dijo Nicolás.
—Otra cosa que me hace feliz es la promesa que le hice a Jesús, que voy a cumplirla hoy —dijo Salomé.
—Me alegro por ella, la vida se compone de ratos felices —dijo Nicolás.
—Te dejo para que termines esa belleza —dijo Salomé.
Caminó hacia la biblioteca, buscó unos libros, se los llevó a los muchachos.
—Libros para que las abejas les lleven el polen de una inteligencia a otra.
—El señor Nicolás me dijo que me tiene una sorpresa —dijo Adalberto emocionado.
—Me alegro, se lo dijiste a tu madre —preguntó Salomé.
—Sí —respondió él—Ahora vuelvo, en este momento están bien acompañados
El padre de Salomé regresó.
—Dame un cafecito. —Ve a Nicolás
—Qué bien hiciste el papel de pordiosero sentado en el escalón de la panadera —dijo el papá de Salomé a Nicolás.
—Usted no se queda atrás —respondió Nicolás.

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