miércoles, 9 de agosto de 2017

Salome y Jesus 7

—Bueno yo me pongo la peluca para que vean como queda —dijo Salomé, ellas se las colocaron.
—Les faltó algo —dijo Salomé.
—¿Qué? —dijeron las señoras.
—Las medias de hombre, hay allí en ese baúl —dijo Salomé.
—Señora Carmen, dígale a Amparo que le diga dónde están las alpargatas, tenemos y se las mide, vamos ya estamos listas. —Salieron de la habitación hacia la caballeriza, se unió la señora Carmen y ensillaron los caballos y salieron.
—Me siento libre —dijo Elena. Recorrieron todo el pueblo, estaba solo parecía un pueblo fantasma, se desviaron por el rio, Salomé vio unas flores silvestres y se bajó de caballo,
de repente oyeron que venían unos caballos.
—Súbete al caballo —dijeron Carmen y Elena a Salomé.
—¡Sigan! —dijo Salomé y se fueron.
Salomé se montó en un árbol, desde allí vio a los hombres, se bajaron de los caballos dos se acercaron la rio el otro orinó, terminó de orinar y se acercó a los que estaban en la orilla, se montaron en los caballos y se fueron, Salomé esperó que se alejaran y se bajó del árbol, a lo lejos vio que Juan venía a caballo y traía el caballo para Salomé, Juan llegó donde estaba Salomé.
—Las señoras llegaron desesperadas porque te quedaste —dijo Juan.
—Es que no me daba tiempo de montarme al caballo —respondió Salomé.
—Juan, me siento como que estoy montada en una cuerda y la gente me ve desde abajo, coño que malo sentir esa vaina —dijo Salomé.
—Hay muchos que quieren que siga esta situación —dijo Juan.
Llegaron a la hacienda, Salomé se bajó del caballo, se acercó a Nicolás, que estaba sentado una piedra grande.
—Salomé me puse temprano a escarbar y encimita estaba una botija, la saqué cómo me dijiste —dijo Nicolás.
—Nicolás, el señor está sentado a tu lado —dijo Salomé. Nicolás se paró.
—No me digas esa vaina, Salomé —dijo Nicolás.
—A lo que tienes que tener miedo es a un vivo —dijo Salomé.
—Vamos a tomar café para celebrar —dijo Nicolás.
—Vamos —respondió él.
Salome entró a la cocina y todos le preguntaron qué pasó
—Qué bueno que se fueron rápido, se pararon porque uno tenía ganas de orinar, pero yo no vi nada ja, ja, ja —dijo Salomé.Carmen y Elena estaban asustadas.
—No es la primera vez que me pasa —dijo Salomé.
—Voy a hacer café para celebrar —dijo Salomé.
Todos le preguntaron qué iba a celebrar.
—Eso es un secreto entre Nicolás y yo —respondió Salomé.
Llegó Cipriano de la hacienda del padre de Salomé, trajó la carreta llena de frutas y verduras.
—Eleonora jamás se imaginó que la hacienda donde íbamos a buscar las frutas era aquí al lado y el amigo de los tres mosqueteros Nicolás, Cipriano y Juan era el padre de Salomé —dijo Rocío.
—Ahora que hablas de la hacienda mi padre, la va a vender, ¿no te gustaría cómprala? —preguntó Salomé.
—Con qué voy a comprarla —respondió Rocío.
—Sueña —respondió Salomé.
—Con qué culo se sienta la cucaracha —dijo Rocío.
—Ja, ja, ja —respondió Salomé.
—¿Hay café? —preguntó Cipriano.
—Ya te lo sirvo —dijo Amparo.
—¿Qué se dice por aquí? —preguntó Amparo.
—Nada, solo que el doctor Ambrosio y que encontró a la mujer con otro —dijo Cipriano.
—Sabía que él solo no se comía esa sandia con ese cuchillo viejo —dijo Salomé.

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