Las señoras caminaron a las habitaciones y Salomé se sentó en la mesa para hablar con Cipriano.
—Lo que voy decirte es que Adalberto tiene síntomas de tuberculosis —dijo Salomé.
Cipriano abrió los ojos.
—Qué que vaina, eso es serio —dijo Cipriano.
—Tranquilo, vamos con calma, hay que tenerlo animado, va bien en sus
clases, le gusta cantar y tiene buena voz, toda enfermedad empieza en el
alma entonces vamos atacarla —dijo Salomé.
—Vamos a hacer eso que dices —dijo Cipriano.
—Voy escribirle unas canciones —dijo Salomé.
—Y yo toco la guitarra —dijo Cipriano.
—Está bien, quedamos en eso —dijo Salomé.
Amparo y Salomé les llevaron la cena a los muchachos y les dijeron a
las señoras que fueran a cenar y se quedaron hablando hasta tarde.
Salomé se despertó temprano, se levantó, se bañó, vio la hora y se
volvió a acostar, el niño se despertó, lo aseó, lo metió en la cuna, se
vistió, tomó al niño y salió de la habitación, en el jardín estaba
Nicolás, se acercó.
—Dámelo Salomé —dijo Nicolás, ella le entregó el niño y siguió a la cocina, estaba Amparo allí, se saludaron.
—Hoy el dia va estar movido —dijo Salomé.
Las señoras se levantaron y se dirigieron a la cocina, al verlas Salomé sonrió.
—¿Quieren quedarse aquí trabajando? —preguntó Salomé. Ellas respondieron que sí.
De repente Petra entró en la cocina.—¡Sorpresa! —dijo Petra.
—Sí, una buena sorpresa, que bueno que
viniste porque vamos a firmar la venta de la hacienda, ya conseguí al
abogado para hacer una venta ficticia, pero voy a salir, vamos en la
tarde, ya vengo —dijo Salomé.
Caminó hacia la habitación, buscó la ropa, se vistió y salió
de la hacienda, caminó lentamente, pensando, "me voy a dejar de
pendejadas, voy a hablar claro" llegó a la plaza, vio que estaba abierta
la oficina, entró, saludó al abogado.
—Devuélvame el dinero de mi madre, ah y el documento de la hacienda es falso, el original lo tengo yo —dijo Salomé.
En eso entró un hombre alto con un liquiliqui,
—Agapito, vengo por lo que me robaste, lo quiero ya y lo de mi hija también —dijo el hombre.
Agapito se quedó como si vio al diablo, cambio de colores como el camaleón, el hombre miiró a Salomé.
—Vete para la hacienda, yo te llevo el dinero que el desgraciado este
le robo a tu madre —dijo el hombre, le dio un beso, ella salió, compró
un ramo de rosas y siguió, de regreso no entró por la caballeriza sino
por la puerta principal, en la estaban sentadas Eleonora y la partera,
Salome les dijo que ya venía, que iba a avisar que ya llego,
regresó Salomé y atrás de ella venían Amparo, Nicolás, Cipriano y Petra, ellas se sorprendieron, Salomé las miró con rabia.
—Tu hija está presa en la capital —le dijo a la partera.
—Y tu Eleonora, no sé de donde saliste, que ser tan malo eres. —Volvió a hablarle a la partera.
—Tu hija se metió por la ventana y se llevó al niño, pero afuera estaba
Petra, Nicolás y un policía, no creas que te vas tranquila, la policía
va venir —dijo a la partera.—No te doy unos fuetazos porque te esperan mas sorpresas, zorra,
pensaste que la otra zorra se lo había llevado, es que tú crees que yo
me iba a quedar de brazos cruzados cómo mi madre —dijo Salomé a
Eleonora.

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