—Voy a adelantarme —dijo Salomé.
—Que te vaya bien, nos vemos —dijeron todos.
—Cuídate —dijo una señora.
Siguió, se regresó por otras calles, pensó, "para evitar a los niños
que se asoman a ver el caballo y no los puede montar, las mujeres no
montan a caballo ni usan pantalones, ja, ja, ja por estas calles hay mas
niños" Al verla corrieron detrás del caballo, algunos estaban desnudos,
de repente le vino a la mente que Adalberto estaba enfermo, tenía
tuberculosis, siguió, vi a lo lejos a
una gente a caballo, volteó a ver si venía la carreta, se detuvo le hizo
señas a Nicolás que se iba a desviar por otro camino.
Pasó cerca
del rio y pensó: "recuerdo cuando veníamos de vacaciones, Petra nadaba
como un pez, a mi me gusta más montar a caballo, debe ser porque me
gusta llevarle la contraria a la vida, lo que esta prohibido me atrae,
me disfrazo y salgo, no mentira a la vida no, a la sociedad perversa:"
Llegó a la hacienda, se bajó del caballo, caminó hacia la cocina en
ella estaba Cipriano, tenía a su bebé cargado y Amparo hacía la cena, se
acercó a Cipriano.
—Ve pasa a Adalberto a la habitación de al lado, ahora te digo algo. —Agarró al bebé.
—¿Hay café? —preguntó.
—Sí, no te lo sirvo porque estoy ocupada —respondió Amparo.
—Voy a quitarme este disfraz —dijo Salomé, colocó a su niño en el
coche, caminó a su habitación, se bañó, se vistió, buscó dos vestidos
para llevárselos a las señoras, regreso a la cocina las señoras la
vieron.
—¡Qué linda eres! —dijo una de ellas.
—Eres delgada —dijo la otra
—Ustedes están lindas lo que le falta es arreglo —dijo Salomé.
—¿De quién ese niño? —preguntó una de las señoras.
—Mío, se parece a su padre con su piel tostada por el sol de esta
tierra que pare Libertadores, la vida nos unió en esta lucha, él
luchando en las calles y yo ayudando a los heridos y dicen que somos
libres, no escogimos esta vida, la vida nos llevó a esto, jamas me
imaginé que los dos estamos metidos en esto, bueno todos nosotros
—dijo Salomé.
—¿Tú crees que vuelvan a juntarse ustedes? —preguntó una señora.
—Él es el ave que se me escapó del nido de mis brazos que jamas volverá a mí —respondió Salomé.
—Ya pueden ver a sus hijos, estaban acomodando las habitaciones,
terminen de tomarse el café y aquí tienen estos vestidos para que se
cambien.

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