jueves, 3 de agosto de 2017

Salome y Jesus 5

—Voy a adelantarme —dijo Salomé.
—Que te vaya bien, nos vemos —dijeron todos.
—Cuídate —dijo una señora.
Siguió, se regresó por otras calles, pensó, "para evitar a los niños que se asoman a ver el caballo y no los puede montar, las mujeres no montan a caballo ni usan pantalones, ja, ja, ja por estas calles hay mas niños" Al verla corrieron detrás del caballo, algunos estaban desnudos, de repente le vino a la mente que Adalberto estaba enfermo, tenía tuberculosis, siguió, vi a lo lejos a una gente a caballo, volteó a ver si venía la carreta, se detuvo le hizo señas a Nicolás que se iba a desviar por otro camino.
Pasó cerca del rio y pensó: "recuerdo cuando veníamos de vacaciones, Petra nadaba como un pez, a mi me gusta más montar a caballo, debe ser porque me gusta llevarle la contraria a la vida, lo que esta prohibido me atrae, me disfrazo y salgo, no mentira a la vida no, a la sociedad perversa:"
Llegó a la hacienda, se bajó del caballo, caminó hacia la cocina en ella estaba Cipriano, tenía a su bebé cargado y Amparo hacía la cena, se acercó a Cipriano.
—Ve pasa a Adalberto a la habitación de al lado, ahora te digo algo. —Agarró al bebé.
—¿Hay café? —preguntó.
—Sí, no te lo sirvo porque estoy ocupada —respondió Amparo.
—Voy a quitarme este disfraz —dijo Salomé, colocó a su niño en el coche, caminó a su habitación, se bañó, se vistió, buscó dos vestidos para llevárselos a las señoras, regreso a la cocina las señoras la vieron.
—¡Qué linda eres! —dijo una de ellas.

—Eres delgada —dijo la otra
—Ustedes están lindas lo que le falta es arreglo —dijo Salomé.
—¿De quién ese niño? —preguntó una de las señoras.
—Mío, se parece a su padre con su piel tostada por el sol de esta tierra que pare Libertadores, la vida nos unió en esta lucha, él luchando en las calles y yo ayudando a los heridos y dicen que somos libres, no escogimos esta vida, la vida nos llevó a esto, jamas me imaginé que los dos estamos metidos en esto, bueno todos nosotros —dijo Salomé.
—¿Tú crees que vuelvan a juntarse ustedes? —preguntó una señora.
—Él es el ave que se me escapó del nido de mis brazos que jamas volverá a mí —respondió Salomé.
—Ya pueden ver a sus hijos, estaban acomodando las habitaciones, terminen de tomarse el café y aquí tienen estos vestidos para que se cambien.

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