Se las dieron, caminó hacia la caballeriza, ensilló un caballo y salió,
pensó "ahora es que viene lo bueno" Las calles solitarias se veían como
un cuadro, las calles de tierra, unas casitas de bahareque con unos
pipotes llenos de agua, en una estaban unos niños que corrieron al ver
el caballo, no se acercó, no quería que se dieran cuenta que era una
mujer, solo les dijo adiós con la mano, más adelante la siguieron muchos
perros, llegó a una casita, se bajó del caballo, corrió un perro
famélico hacia ella, desde la entrada hay una puerta que se ve el fondo
de la casa, desde allí una señora llamó al perro, se acercó a ella y le
dijo a que iba, ella le responde que no sabía leer, la mujer la miró
fijamente.
—Soy su abuela vivo sola —dijo la mujer.
—Vamos para que vea a su nieto —dijo Salomé.
—¿Cómo puedo ir? —Le preguntó.
—En esa carreta que viene allí —respondió Salomé.
—Busque sus cosas mientras yo busco a otra señora. —La doña silbó que se asombró.
—Llamo a mi hija para avisarle que voy a ver mi nieto —dijo la señora.
Se montó en el caballo y siguió, vio que Nicolás llegó con la carreta,
siguió como cuatro cuadras, cruzó la calle, encontró la casa, se bajó
del caballo, estaba una mujer barriendo la entrada con unas ramas el
piso de tierra, le dijo que buscaba a la madre de Evaristo.
—Dios te envió porque le estaba pidiendo saber de él —dijo la mujer.
—Vamos para que lo veas, está bien —dijo Salomé.La detalló era una mujer joven, pero muy descuidada.
—Voy a cambiarme, ya vengo. —Llamó a la hija, salió una joven casi una niña con un bebe en brazos.
—Voy a ver a Evaristo, no me esperes —dijo la mujer a su hija.
Llegó Nicolás, se bajo de la carreta pata ayudar a la señora a montarse.

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