Cuando empecé con mis sueños de que me encerraron en una hacienda y con ellos pude armar el rompecabezas, pensé que mi dios griego no me olvidó, el aún me tenía en su corazón, ese día de su muerte cuando lo estaban velando soñé que voló a donde estaba yo, le pregunté qué haces aquí, me respondió para mí no hay nada imposible, aqui estoy contigo mi dios griego tan mío y tan ajeno, siempre creí que él también me busco a mí, él me decía, quiero llevarte para la hacienda para que me hagas unas arepas, yo pensaba que no me llevaba por mi edad, catorce años y el cuarenta y ocho, la hacienda para donde iba era de un primo, con el rompecabeza en mis manos comprendí que él o su alma me fue diciendo quienes nos separaron, ese día vuelvelo loco que del otro me encargo yo.

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