Aquella madrugada me solté de tu abrazo y me asomé a la ventana, extendí mi brazo, agarré unas hojas secas y en ellas te escribí mi adiós, cuando te dejé pise las hojas secas que caían, me iban contando su soledad, soñaba verme abrazada por ti, pero la bruma nos separó y la tormenta que azotó a tu alma, cuando te diste cuenta que me amabas, oía los truenos y los rayos, pero la tormenta no me dejó correr a tus brazos.

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