¡Oh, dolor! Acudes a mi alma frágil, por qué esta agonía, por qué me
acosas, qué mal tan grande he hecho, ¡piedad, piedad! Punzandome la
herida que más me duele, ya no aguanto este dolor y el maldito reloj que
no se detiene, sigue dando la hora puntual, ¡maldito, maldito!

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