miércoles, 26 de julio de 2017

Salome y Jesus 1

Guerra, guerra, la gente corría, los jóvenes se enfrentaban a los hombres armados, desde la ventana Salomé los miraba, oyó la voz de Petra que venía entrando, llegaba del mercado, corrió para alcanzarla, le preguntó
—Qué me trajiste Petra. Ella le respondió.
—Todo lo que hay en estas cestas, manzanas, peras. —Salomé la ayudó a llevar las frutas a la cocina, cuando llegaron a la cocina Petra se sacó una carta del bolsillo y se la entregó a Salomé, la joven le dijo a Petra.
—¿Dónde está Jesús? ¿Por qué me envía esta carta? —Petra le respondió —Jesús está aquí, en la esquina cerca de la caballeriza. —La interrumpió Salomé.
—¿Qué hace aquí? —dijo Salomé.
Petra le respondió.
—Bueno lo mismo que hacen todos los muchachos de este pueblo.
Salomé corrió a su habitación, se sentó en la cama, leyó, la carta se acostó con la carta en su pecho, al rato se levantó, caminó a la cocina, se sirvió café y volvió a su habitación, se bañó, se vistió con una falda negra y una blusa holgada, buscó unos zapatos, pensó: "ja, ja, ja me viera mi madre con sus zapatos" se recogió el cabello y se calzó el sombrero, se vio en el espejo, pensó: "no me veo tan mal."
Agarró su cartera, se asomó a la ventana, vio que no venía nadie y salió por la ventana, empezó a caminar con pasos lerdos en las calles de tierra solitarias.
El viento me baña de tierra, el calor me quema, me detengo a ver si viene Jesús, me siento triste, no sé que va pasar con nosotros, mi madre jamás permitirá que me case con él por el color de su piel y porque que no tiene dinero, estoy tan distraída que no me di cuenta que llegué, toque la puerta, Jesús la abrió, le dijo: espera que me quite toda esta ropa. Fue cayendo la falda larga, un pantalón con un relleno, la blusa manga larga con relleno, a mí me encanta disfrazarme.
Le dije: —Amor, esta es la única manera de vernos. Voy a bañarme.
Abrí la puerta del patio, caminé al centro donde hay un pipote y con una jarra me eché agua hasta que me cansé. Jesús se fue a la cocina a montar café. Jesús se sentó a verme, no habló nada, solo me veía, se levantó fue a la cocina, regresó con dos tazas de café, me acerqué a él, me senté en sus piernas, le dije:
—Esta será la última vez que nos veamos, te llamarán libertador, a lo mejor yo no lo veré, lo único que te pido, es que no me olvides. —vi que se le salieron las lagrimas, le dije:
—No llores, guárdalas para que llores de alegría, vamos a brindar con este café para que siempre estemos juntos, no me voy a engañar, la vida nos separa, no quiero verte así triste, es por tu bien.
Me respondió:
—Sí estoy triste, eres lo único que tengo, me has ayudado, lo que sé es por ti. Le respondí:
—Bésame, bésame hasta que te canse de besarme.
Salomé se levantó de la cama, empezó a vestirse en silencio, cuando terminó se sentó en la cama y le dijo a Jesús:
—Esta noche nos vamos para la hacienda del paso, no te preocupes por Petra, yo velaré por ella.
Jesús se acercó a Salomé, la besó.
—Me voy, quédate acostado, descansa, vienen días fuertes para ti y para mí, si algún día te alejas, recuerda que Petra te espera en la hacienda porque es de ella.
Caminó hacia la salida. En silencio miró el cielo, pensó: "cómo cambia todo en un momento, tengo que apurarme, tenemos que salir esta noche antes que se ponga la situación fea".
En ese momento llegó el viento, la zarandeo, pensó: "qué me ofrece la vida, quizás menos que la astilla que me cae en el rostro". Caminó rápido, llegó a la calle donde vive, empujó la ventana y se sentó en ella, entró, se quitó los zapatos: pensó, este relleno es caluroso, voy a bañarme. Se bañó, caminó por los grandes corredores, abrió la puerta que da para la caballeriza, vio que estaba Juan amarrando las cosa que están montadas en la carreta, cuando me vio me dijo:
—Ya está todo listo.
Le respondí:
—Vente, voy hacer café, dile a Rocío que venga también.
Caminó a la cocina, montó el café, llegó Juan, Salomé le preguntó por Rocío, Juan le respondió:
—Está recogiendo una ropa, ya viene. Salomé le dijo:
—Sí solo vamos a esperar a los compañeros de Jesús que nos van a acompañar.
Se tomaron el café. Salomé caminó hacia una de las salas, se asomó a la ventana, miró hacia la plaza, pensó: "voy a llevarme en mis ojos todo como es hoy, cuando vuelva, si acaso vuelvo todo habrá cambiado, la iglesia bonita, la respeto, pero no creo en la religión".
Rocío entró en la sala y le dijo aSalomé.
—Ven para que veas esto. —Rocío le entregó un maletín a Salomé.
—Registré porque hay que revisar todo —dijo Rocío.
Salomé le respondió:
—Vamos a llevarnos esas herramientas con las que abrimos los armarios. Cipriano llegó a la sala.
—Ya llegaron los muchachos —dijo.
Rocío le preguntó a Salomé
—¿Ese retrato te lo vas a llevar? —Salomé le respondió.
—No, para qué — siguieron su camino hacia la salida por el portón de la caballeriza Juan y Cipriano se montaron en las carretas, las mujeres en caballos vestidas como campesinos con sombreros de cogollo, los muchachos que nos acompañan nos rodearon y seguimos el camino a nuestro destino todos callados luna alumbraba como el día, la noche estaba estrellada.
Salomé dijo:
—Es tiempo de cambios, nada estará oculto, se caerán las caretas, nada será igual. —Todos se asombraron de lo que dijo Salomé, ella les respondió:
—No se asombren, esto que estamos viviendo es algo nunca visto.

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