Las
golondrinas vuelan por mi jardín, dejan oír sus trinos, se posan en las
ventanas, en los aleros, mis ojos las siguen vuelan, vuelan, no sé de
donde llegó la piedra que hiere a la golondrina, corro, oi su llanto y
dice, no quiero darme por vencida, seguiré cantando.
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