jueves, 17 de enero de 2019

Una mañana era un domingo.

Una mañana era un domingo, yo estaba en el fregador, vi que entró un hombre a la cocina, él abrió la tapa de la olla, estaba montada una sopa, yo me acerqué a él, él me vio, bajó la mirada ante mi mirada de serpiente, yo pensé de dónde lo conozco, él se salió de la cocina, andaba con su hermano que era novio de un familiar mío, se fueron, él no se despidió de mí, pasó el tiempo, yo me pasaba el día en un apartamente de un familiar, lo veía llegar a la casa de su madre, mi mirada lo seguía sabía que se sentía incomodo, yo estaba pendiente de su llegada y salida, una tarde llegó a mi casa y el balisico empezó a insultarme y se desató la guerra, en la noche soñé que lloraba a moco tendido por un hombre, muchas veces soñé eso, pero esta vez, me acerqué a una hamaca, me senté en algo que quedé frente a la hamaca, llorando bajé la cabeza, sentí que me hacian cariño en el cabello, levanté la mirada y aquí en la hamaca estaba el hombre que seguía con mi mirada, mi alma lo reconoció, no sabía que papel había interpretado,
cuando me enteré que por él me devolvían la casa ya sabía que pasó o él me dijo las almas se hablan como los árboles. Él sabía que eso dos seres que son el basilisco y Judas hicieron que yo consiguiera a mi amante o esposo con otra en mi cama. Judas era abogado, yo acababa de comprar la hacienda, me consolé en sus brazos y ellos me traicionaron, perdí todo.

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