Tus palabras eran una daga clavada en mi alma, nadie me defendió, agua que no has de beber déjala que corra, vas hablando de mí, pero estás pegado a mí como una pulga, sus ojos eran un lago profundo tenebroso que no podía mirar, un día me dijeron, te miró con amor, me devolví pensé, ya llegó el perdón a nuestras almas.

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