Esta mañana te esperé asomada en el balcón, las montañas estaban cubiertas de neblina, el sol estaba tímido, de repente las nubes se iban y el sol salía, seguían jugando el sol y la neblina y yo pendiente de que venías a caballo hasta que entre el árbol de pino te vi, ¡ay! Respiré el sol salio y la neblina se fue.

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