Demasiado livianas se me hacen las palabras, cuando hablamos de otro le
clavamos una espina en el pecho, después de desclavada de nuestro pecho,
quisiera que a la hora que venga la muerte poder sonreírle para opacar
su triunfo, cuando reencarne en el viento te buscaré, la brisa anda con
unos zapatos viejos que se niegan andar.

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