La tormenta pasó, los pájaros gorjean, renacen los rumores, escucho los
silbidos del viento, nube que cruzas callada la extensión indefinida
perseguida por mi mirada, el eco se empecina en repetir lo que murmuran
de mí y la tormenta sigue, me moja, lagrimas sin testigo, hay un batir
de alas en el cristal, es mi alma que quiere salir, se esconde en el
hollín de la chimenea de mi corazón.

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