Mis quimeras y tu recuerdo, dibujo el silencio en el pizarron de mi
corazón y los halagos de mis poesías, en el eco de los pétalos me llega
tu nombre, ¡ay mi caballito de madera! Cuántas veces le pedí al viento
que te trajera de vuelta para galopar por el cielo y decirle a Dios que
me cambiara mi destino.

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