Recuerdo aquella quebrada caprichosa que se trepaba sobre el muro del
patio de la hacienda, me asomaba a la ventana cuando llovía, se opacaba
la ventana con la neblina, los pájaros volaban por los corredores, la
soledad se atrevió a entrar en mí, ella y el olvido me indican el
camino.

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