Guardé tus besos en un cofre y encerré el cofre en mi corazón, en estos
días salí y los besos salieron e hice como Pigmalión, que con sus deseos
dio vida a la estatua, de repente apareciste frente a mí, me agarraste
por la cintura y me mecía como una palmera movida por un ventarrón.

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