Recorro
mi lugar amado, el caminito con sus grandes arboles a los lados, que al
pasar creía que estaba en el edén, las flores silvestres con las que
adornaba mi cabello, el río donde tantas veces nade, el árbol vetusto
con muchas raíces que me sentaba en ellas y un día me picaron las
hormigas y corrí hacia el río y nade para que se fueran.

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