EL
pueblo con sus calles de tierra, sus casas de bahareque, la capilla
pintada de blanco con su viejo campanario llamando a la misa, la gente
alegre recorren las calles, los niños se me acercan para ver el caballo,
me bajo, entro en la capilla, sus bancos de madera viejos pero
cuidados, hay un crucifijo en el altar, salgo antes que empiece la misa,
en la entrada un niño me regala una flor.

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