Quiero que en mi corazón reverdezca la esperanza y regarla para que
baile en un paraíso de colores y yo flotar etérea en cualquier espacio y
que los destellos como pequeñas estrellas se vean a plena luz.
Yo no maldigo, solo me cobijo bajo el sol como un ave malherido, con mi
soledad que hiela mi cuerpo y el silencio como un puñetazo, quiero salir
de esta situación en que me encuentro, las horas se van cuando el reloj
deje de pasar el ultimo grano de arena, voy a dormir
Eterna soledad, deambulo entre la muchedumbre, no quiero esconder mi
mirada, ni que me digan cobarde, ahora somos dos extraños, me alejé sin
rencor, me dejó de querer, todo termina en esta vida, otra experiencia
para él y tal vez una para mí.
Me encanta la libertad, pero hubo momentos que ni mi mente era libre se
iba y cuando venía me enseñaba la verdad, por eso no me engaña un
pendejo, porque me guía mi alma.
Las hojas de otoño cuando las piso en vez de llorar, crujen porque cada
vez que te escribo lloro por ti, si tú no me amabas, que tonta soy,
¿qué hace el sol en invierno? Es abrigo de las tristezas y las noches.
La luna alumbra mis temores y me inspira.
Es inútil que me ruegues que vuelva a la jaula, está abierta para la
partida, vuelo con mi alma de poeta, no me busques, ya no quiero esa
jaula de oro, ya aprendí a volar y a contarte mis penas al viento y él
me respondió que era libre.
Yo me embriagué con la derrota, te perdoné, entonces ¿quién te hizo
caer? Dime por favor ¿a quién le dolió que me desprecias? ¿Quién se
vengó de tu maldad?