Camino sobre la tibia arena, me senté a verte, ausente dejando salir un
te amo, las olas me mojan, mar te escucho, que sola estoy, mar mis
heridas están abiertas, mis pensamientos como las olas vienen y van, mar
¡ay mar, que dolor!
Si pudiera expulsar la tristeza que me embarga, si pudiera ser lienzo
blanco de nuevo, aprendería a pintar flores que no se se marchiten,
pintaría nuestros rostros en el cielo para que todos los vieran, como
amantes eternos.
En mi mente habita la fantasía donde dibujo la pasión, mi imaginación
que desborda mis sentidos, quiero escribirte, que sientas mis manos
recorriendo por todo tu cuerpo. Bésame para que los ríos se desborden
lujuriosos, como una muñeca de loza me quedé parada al ver tu desdén.
Mis poemas sin dueño, vuelan por el universo como palomas mensajeras con
mi nombre escrito en sus patas y yo las espero sentada y una lágrima
corre por mi rostro y me acompaña con mi condena y mi locura.
Algún día nos volveremos a encontrar con disfraces diferentes, pero
nuestras miradas serán las mismas, tu mirada llena de pasión y la mía
llena de deseo y otra primavera cantara a nuestros pasos, las personas
que pasen nos verán y dirán; que bien se ven, como decían en el pasado y
tu alma extasiada me mirara y yo coqueta te haré un guiño.
Ahora vuelve tu recuerdo a atormentarme, estoy mirando tus fotos, la
calle donde nos conocimos, tus besos bajo la luna, tu partida sabes, no
me dolió, ahora es que me duele, mi mar expulsó mi amor por ti ¡ay!
Ahora quiero tus besos, bajo la luna.
Soy esa que te espera, como una burbuja de silencio que cualquier brisa
lastima, ahora que ya no me quieres me iré lejos, pero ¿dónde me iré?
Donde no te piense, donde no te desee, ¿dónde me voy? Donde con este
volcán que nunca duerme, que a mi boca no le provoque morder tu boca y
besarte con besos nuevos.
Mis ojos cautivados en el caer de las hojas, el viento juega con ellas,
me rozan, se me levanta la falda, corren libres los ríos de mi alma para
que salgan mis sentimientos, siguen cayendo las hojas, siguen las aguas
corriendo río abajo, sigue el viento jugando con las hojas y mi falda.
Nunca me veras rendida, porque siempre que me siento desfallecer,
enarbolo mi espada de la fe, vuelo como ave y el viento se lleva mis
penas y desde arriba miro a las hienas con sus risas histéricas, pero ya
no les temo.
En las noches solitarias, tu sombra se dibuja junto a la mía, tus
brazos, una vereda imaginaria donde caminan tus manos en todos los
rincones, sé que paisajes miras cuando me miras, tu voz me dice; cuando
estoy contigo me olvido de todo, lo que pienso es amarte.