Mientras escribo pienso en ti, miro el cielo, sigo escribiendo, me
detengo a ver tu foto, pienso; ¿por qué te amo si fui para ti solo un
pasatiempo? Me levanto de la silla, guardo la foto en una gaveta, me
sirvo una copa de vino, la alzo y digo; ¡Viva el amor!
El día está soleado, recuerdo cuando me regalaron un caballito de
madera, me mecía en él, un dia como este, me robaron el caballito, ese
día conocí la maldad, pero yo nunca lo nombré, ¿para qué? Eso era darle
importancia al ser que me quitó.
Murió tu amor, lo enterré lejos, donde nunca más viera la sepultura de
ese amor, ni flores le llevé, no lloré cuando salí del cementerio, solo
escupí.