Quise torcer el destino, te busqué, te amé, comprendí que la vida no me
quiere contigo, quiero acariciarte dulcemente, morderte, tú no quisiste
cambiar el destino.
Cuando lleguen a tus manos estos versos, quizás ya haya muerto y en la
quietud de mi cauce las aguas serenas, bajaran al valle y mi alma te
escribirá en el árbol donde me besaste por primera vez, algún dia se
borraran, pero no en tu corazón.
La noche atrapa la poesía, la lluvia de estrellas como estelas caen en
mis poemas, lejano y tan cerca respirando tu aroma, por ti vivo y
muero, mi alma te mira, las estrellas son tus ojos que me miran.
Las palabras van hacia el lago perdido para buscar los poemas que
escribí para ti, asomada a la ventana esperando los poemas, odio los
finales, mi mirada fija en el desierto, en el oasis, los poemas se
perdieron en el desierto.
Estaba tendida como un cadáver, el viento de la melancolía me derrumbó y
sombras de soledades, vi a el sol, muchas veces le pregunté: ¿qué te
motiva a brillar con tanto amor? Un día me respondió: Tú también
brillas, estás hecha de polvo de las estrellas, ¡anda levante de aquí,
que pareces una muerta!
¿Quién me robo tu amor? ¿Quién tiene tus besos? Dime porque busco a mi
rival y defiendo mis besos con la fuerza de una loca, porque eres mi
sol.
Deja en mi cuerpo las caricias que nunca me hiciste, deja los besos que
me negaste, esta noche de silencio me quemaron tus caricias, tus besos,
tu cuerpo y el mío se fundieron, cayeron mis sedas por el suelo.
Jugué con un lucero, él me dijo: ¡ven conmigo! Me llevó para ver las
alondras y me enseñó todo el cielo y me dijo: Todo esto es tuyo. Y yo
como una tonta corrí a los brazos del diablo por su pasión y me quedé
sola en las tinieblas y con cachos.